miércoles, 19 de junio de 2019

Canción para Papá Preescolar Primaria Infantil LETRA









El origen de Superman es la historia que relata la llegada de éste a la Tierra y el inicio de su carrera como súper héroe. Esta historia se ha adaptado de forma recurrente en radio, televisión y cine tras varias décadas de publicación en cómics

Superman como personaje fue creado por Siegel y diseñado por Shuster en 1934 e intentaron venderlo como una tira cómica a un periódico. Contaron el origen de Superman en doce tiras de las cuales diez detallaban al planeta Kryptón.

En 1938, DC Comics publicó el debut de Superman en Action comic Siegel y Shuster tuvieron que cortar la historia a trece páginas por lo que la historia de su origen fue reducida a solo una página. La historia cuenta cómo un científico en un planeta condenado pone a su hijo en una nave espacial diseñada rápidamente y lo envía hacia la Tierra. Cuando la nave aterriza, un motociclista que iba pasando la encuentra y decide llevar al orfanato al niño donde el personal queda asombrado por la fuerza del niño. A medida que el niño crece, descubre más habilidades y decide usarlas para el beneficio de la gente haciéndose Superman. El último cuadro de este origen está titulado "Una Explicación Científica a la Sorprendente Fuerza de Clark Kent" explicando que él "había venido de un planeta cuyos habitantes tenía una estructura física millones de años más avanzada que la nuestra". La fuerza de Kent fue comparada a las habilidades de las hormigas y saltamontes de levantar cientos de veces su propio peso y de saltar grandes distancias.

A partir del 16 de enero de 1939, las historia originales de Siegel y Shuster aparecieron en una tira cómica diaria a trvés del Sindicate McClure. En los primeros días se volvió a contar el origen de Superman pero en mayor detalle con énfasis en su salida de Kryptón. En este recuento, el planeta Kyrptón y los padres biológicos de Superman, Jor-El y Lara, son mencionados por sus nombres por primera vez.





La primera edición de Superman, publicada en 1939, también contenía la historia de origen. Max Graines les había escrito a Siegel y Shuster pidiendo que expandieran la secuencia del origen a dos páginas y que incluyeran cuatro páginas detallando como Clark Kent se volvió un reportero además de una página completa sobre la explicación científica de los poderes de Superman.6 En esta edición se revela que son los Kent los motociclistas que lo dejan en un orfanato pero regresan a adoptarlo. Los Kent le enseñan a Clark que debe mantener sus poderes en secreto pero que algún día los usará para ayudar a la humanidad. Clark se vuelve Superman después de que los Kent se mueren y obtiene su trabajo como reportero en el Daily Star entregando información que había conseguido como Superman sobre un linchamiento en la prision 14​ La página sobre los poderes de Superman volvía a afirmar que los Kryptonianos habían evolucionado una perfección física, pero también revelaba que como la Tierra es más pequeña que Kryptón, la fuerza de gravedad era menor y aumentaba la fuerza de Superman.15



martes, 18 de junio de 2019

Manuel Lacunza 1731 -1801


 




Hijo de Carlos de Lacunza y de Josefa Díaz, acaudalados comerciantes ocupados en el tráfico entre Chile y el Perú Lacunza ingresó a la Compañía de Jesús en 1747. A partir de entonces inició la primera etapa de su vida sacerdotal, marcada por la normalidad: ejerció como profesor de gramática en el Colegio Máximo de San Miguel de Santiago y ganó cierta discreta fama como orador de púlpito.

Debido a la expulsión de los Jesuitas por orden del rey Carlos lll de España, salió exiliado de Chile en 1767 y se estableció en la ciudad italiana de Imola, al igual que numerosos otros sacerdotes chilenos de la misma orden, como Miguel  de Olivares y Juan Ignacio Molina. Su vida en el exilio se complicó debido a las prohibiciones de celebrar misa y administrar sacramentos que el papa Clemente XIV impuso a los jesuitas y a su situación económica: su familia chilena comenzó a empobrecerse, por lo que las remesas de dinero que le enviaban eran cada vez más escasas.

Tras cinco años de vivir en comunidad con los jesuitas, Lacunza se retiró a habitar a una casa ubicada en las afueras de la ciudad. Ahí se instaló en soledad, aparentemente con la única compañía de un misterioso personaje, al que llama en sus cartas «mi buen mulato». Algunos jesuitas chilenos, colegas suyos, lo describían como «un hombre cuyo retiro del mundo, parsimonia en su trato, abandono de su propia persona en las comodidades aun necesarias a la vida humana, y aplicación infatigable a los estudios, le conciliaban el respeto y admiración de todos».





En 1773, por medio de la breve apostólico Dominus Redemtorel papa disolvió la Compañía. La medida convirtió a Lacunza en clérigo seglar por decreto. En este ostracismo total, el jesuita realizó el trabajo teológico de su vida, enmarcado en la corriente del milenarismo Lo esbozó primero en un folleto, conocido como Anónimo Milenario, que llegó a circular en América del Sur Este texto, de 22 páginas apenas, dio pie a acalorados debates teológicos públicos, sobre todo en Buenos Aires, tras los cuales sus opositores lo denunciaron, obteniendo una prohibición del texto por parte de la Inquisición En 1790 culminó los tres tomos de su obra Venida del Mesías en gloria y majestad  A partir de entonces, y hasta su muerte, realizó infructuosos esfuerzos, como remitir oficios a la corona española, para conseguir autorización y apoyo para llevar su obra a la imprenta.

No se tiene certeza exacta acerca de la fecha de su muerte pues su cadáver fue encontrado en un foso, en una calle apartada de Imola. Entonces se supuso que había muerto por causas naturales, mientras realizaba uno de sus habituales paseos solitarios de cura septuagenario.
Destino de su obra.



Página titular de Venida del Mesías en gloria y majestad, Cádiz, 1812

En 1812, a despecho de las prohibiciones anteriores, Venida del Mesías en gloria y majestad fue publicada póstuma mente en Cadiz bajo el seudónimo judío de Juan Josafat Ben-Ezra. En Londres se realizó otra edición en castellano en 1816, la cual fue financiada por el general argentino Manuel Belgramo El libro fue denunciado aquel mismo año ante tribunales españoles y la Sagrada Congregación del indice siendo incluido en Index librorum Prohibiturum de la Inquisición el 15 de enero de 1819.

Es interesante consignar que los enemigos de la obra expresaron su especial preocupación por el encanto que las ideas de Lacunza ejercían entre el clero. Esta atracción fue denunciada, por ejemplo, en una obra publicada en Madrid en 1824, subtitulada Observaciones para precaver lo (al público) de la seducción que pudiera ocasionarle la obra.

Una traducción al inglés fue publicada en 1827 por Edward Irving, el precursor de la británica Iglesia Católica Apostólica, bajo el título de The Coming of the Messiah. Para Irving la lectura de la obra había alcanzado la categoría de revelación. De hecho, aquel sacerdote estudió profundamente el castellano con el único fin de traducir a Lacunza.

Por lo mismo, no es extraño que el libro fuera transformándose en una de las mayores influencias del gran desarrollo del milenarismo ocurrido en el siglo XIX. El milenarismo espera una edad de oro que empezaría con la venida de Cristo, esta idea a su vez emana de las ideas judaicas de la era mesiánica, que es el concepto hebreo del reino de Dios. Tal vez, al igual que su seudónimo, refleje en mayor o menor grado ideas propias del cristo judaísmo.





Aunque la noción escatológica de un paraíso en la tierra ya estaba presente en movimientos como los anabaptistas, menonitas, cuáqueros y las tesis de Lacunza —y sus seguidores en el mundo anglosajón— fueron también fuente de inspiración para el movimiento estadounidense del "segundo adventismo o milenarismo, a través de su líder el predicador Williams Milller quien se interesó en la interpretación bíblica y se inspiró al realizar su propia traducción de la obra de Lacunza.Un dirigente milerista, Josiah Litch, comenta que: "Ese libro (de Lacunza)cayó en las manos de Irving. Los ojos de ese célebre y elocuente predicador se abrieron ante la gloriosa verdad del advenimiento premilenial de Cristo de la cual se volvió ardoroso partidario. Comenzó traduciendo a Ben Ezra y luego escribió numerosas obras en Inglaterra acerca del mismo asunto".7​ A su vez, indirectamente a través del milenarismo, Lacunza influyó en los actuales herederos espirituales del movimiento: los adventista del séptimo día ciertos sectores de la Iglesia bautista, y los testigos de Jehova siendo un eslabón de una misma cadena de interpretación bíblica. De hecho un extracto manuscrito de La venida del Mesías en gloria y majestad, firmado por Juan Josafat Ben-Ezra y datado en 1820, es guardado como uno de los principales tesoros bibliográficos de la biblioteca de la Universidad adventista de Chile

En este sentido, es una paradoja que la obra de un hombre, que se consideraba a sí mismo un católico ortodoxo, terminara por ser un texto clásico del cristianismo "protestante".

El pleno siglo XX, en abril de 1940 el arzobispado de santiago, cardenal Jose Maria Caro realizó consultas a la Santa Sede, a la congregación del santo oficio, sobre la enseñanza "mitigada" del milenarismo de Lacunza en algunos círculos católicos chilenos, a las que esta respondió el 11 de junio de 1941: remitiéndose a la prohibición de 1824, señaló que el milenarismo, incluso mitigado, no podía ser enseñado sin peligro.​ Por lo que se le ordenó a Caro "vigilar que tal doctrina no sea enseñada con cualquier pretexto, ni propagada, defendida, recomendada, de viva voz o por escrito

La teología de la Liberación también ha retomado algunas ideas de un reino terrestre de Dios como consumación de la justicia social en el mundo.
Ideas de Lacunza.

El jesuita creía haber encontrado durante su exilio algunos «descubrimientos nuevos, verdaderos, sólidos, innegables, y de grandísima importancia» para la Teología

Hay dos concepciones que son el fundamento del resto de las elucubraciones teológicas descubrimientos de Lacunza. En primer lugar, Lacunza desechaba la idea del «fin del mundo» como un momento de aniquilación o destrucción de lo creado: Niega «que el mundo, esto es, los cuerpos materiales, o globos celestes que Dios ha creado (entre los cuales uno es el nuestro en que habitamos) haya de tener fin, o volver al caos, o nada, de donde salió [...] esta idea no la hallo en la Escritura, antes hallo repetidas veces la idea contraria, y en esto convienen los mejores intérpretes». En segundo lugar, establece que las expresiones bíblicas «fin del siglo presente» y «fin del mundo» se refieren a dos momentos diferentes.

Entiende el «fin del siglo presente» o «Día del Señor» como el mero término de una etapa de la historia humana, clausurada por la venida de Cristo y el inicio de su reino en la Tierra, acompañada por el consiguiente juicio divino a los vivos. Este momento estaría también marcado por la conversión del pueblo judío. A partir de entonces habría de instaurarse una nueva sociedad, marcada por un reino de mil años de justicia y paz. Lacunza entendía que, a partir de las profecías bíblicas, se podía esperar, para el periodo previo al «Día del Señor», una apostasía generalizada de la Iglesia católica  Por lo mismo la Iglesia pasaría a formar parte del Anticristo, comprendido este no como un individuo, sino como «cuerpo moral» integrado por todos los apóstatas y ateos de la Tierra. Este punto de su teología era especialmente polémico al prever que la Iglesia oficial se pondría del lado equivocado en el último combate entre el bien y el mal. Este punto fue, en definitiva, el que le valió la condena vaticana de su obra.

Por «fin del mundo» entendía la resurrección de los muertos y el Juicio final comprendido como una transmutación del mundo físico al plano de lo eterno. Este suceso debía ocurrir, según él, tras los mil años de reino terrenal de Cristo
Cronista del exilio y la persecución

Otra de las dimensiones que se rescatan de Lacunza es su calidad como cronista de la experiencia del destierro y la persecución intelectual. Siendo él mismo un exiliado y un individuo permanentemente bloqueado por la autoridad, sus cartas personales al respecto han terminado por ser valoradas en Chile país que ha sufrido ciclos de exilio masivo en tiempos posteriores:

Escribió de la condición desmedrada del desterrado: «Todos nos miran como un árbol perfectamente seco e incapaz de revivir o como un cuerpo muerto y sepultado en el olvido... Entretanto nos vamos acabando. De 352 [jesuitas] que salimos de Chile, apenas queda la mitad, y de éstos los más están enfermos, o mancones que apenas pueden servir para caballos yerbateros».

De la valoración de la tierra natal: «Solamente saben lo que es Chile los que lo han perdido: no hay acá el menor compensativo; y esta es la pura y santa verdad: nadie puede saber lo que es Chile si no lo ha perdido».

De los laberintos en los que puede perderse la razón del exiliado: «Acaba de morir Ignacio Ossa, hermano de doña María; el otro hermano, Martín, ya murió cerca de tres años. Antomas, aunque siempre fue loco tolerado, ahora está del todo rematado; ha estado en la lo quería pública; mas como no es loco furioso lo tenemos ahora entre nosotros, aunque encerrado con llave, porque ya se ha huido».

El historiador Francisco Antonio Encina, transcribe el melancólico pasaje de una carta suya, de 1788 (luego de 11 de sus 44 años de exilio), en que hace un imaginario regreso al terruño:

"Actualmente me siento tan robusto que me hallo capaz de hacer un viaje a Chile por el Cabo de Hornos. Y, pues, nadie me lo impide ni me cuesta nada, quiero hacerlo con toda mi comodidad. En 5 meses de un viaje felicísimo llego a Valparaíso, y habiéndome hartado de pejerreyes y jaibas, de erizos y de locos, doy un galope a Santiago: Hallo viva a mi venerable abuela, le beso la mano, la abrazo, lloro con ella, abrazo a todos los míos entre los cuales veo muchos y muchas que no conocía, busco entre tanta muchedumbre a mi madre y no la hallo, busco a Solas casas, a Varela, a mi compadre don Nicolás, a Azúa, a Pedrito y a mi ahijada Pilar, y no los hallo. Entro en la cocina y registro toda la casa, buscando a los criados y criadas antiguos y no hallo sino a la Paula y a la Mercedes. Pregunta a ésta dónde está su señora y a la Paula dónde está su amo Manuel Díaz (su abuelo materno), y dónde está mi mulato Pancho; y no me responden sino con sus lágrimas, y yo los acompaño llorando a gritos sin poder ya contenerme más.






"No obstante, por no perderlo todo, me vuelvo a la cuadra (el salón de la casa), que hallo llena de gente, procuro divertirme y alegrarme con todos: Les cuento mil cosas de por acá, tengo los embobados con mis cuentos; cuando no hallo más que contar, miento a mi gusto; entretanto les como sus pollos, su charquican y sus cajitas de dulce y también los bizcochuelos y ollitas de Clara y de Rosita. Y habiendo llenado bien mi barriga para otros 20 años, me vuelvo a mi destierro por el mismo camino, y con la misma facilidad."



jueves, 30 de mayo de 2019

El Caleuche




El Caleuche representado por los alumnos del 8ª año


El mito del Buque Fantasma

El Caleuche es un buque misterioso que navega y vaga por los mares de Chiloé y del sur de nuestro país. Se dice que lo tripulan brujos muy poderosos. Por lo general aparece cuando hay neblina, que él mismo crea, y en las noches oscuras se ilumina intensamente. Nunca surca las aguas de día



En la cubierta de esta legendaria embarcación se realizan grandiosos bailes y es posible escuchar una maravillosa música de fiesta. Son justamente estas melodías las que atraen a los náufragos o tripulantes de lanchas veleras, a los cuales incorpora como parte de su dotación.

Sin embargo, el Caleuche se convierte en un simple madero flotante si una persona, que no sea bruja, se aproxima a él o, incluso, se hace invisible.



Los marineros del Caleuche tienen ciertas particularidades físicas, como una sola pierna para andar, por que la otra la llevan doblada por la espalda, y también son desmemoriados, para impedirles que cuenten el secreto de lo que sucede a bordo.




Al Caleuche no hay que mirarlo, porque a los que lo hacen, los tripulantes los castigan torciéndoles la boca, la cabeza hacia la espalda o matándolos de repente, por arte de brujería. Pero cuando esta misteriosa embarcación se apodera de una persona, la traslada a las profundidades -porque también puede navegar bajo el agua-, mostrándole grandes tesoros y ofreciéndole parte de ellos con la sola condición de no contar lo que ha visto.

También se dice que cuando un comerciante de la zona se enriquece rápidamente, es porque ha hecho ocultas negociaciones con el Caleuche.

Una de las acciones más importantes de este barco es recoger a los que mueren ahogados, acogiéndolos en su interior, lugar que les sirve de eterna mansión.



Mapa de donde te puede aparecer el Caleuche
Los tripulantes del Caleuche además de los brujos, son marineros fallecidos en el océano o pescadores que han sido aprisionados por estos. Algunos sostienen que los ahogados son recogidos por el barco.


Sus ocupantes se desplazan en una sola pierna, teniendo la otra doblada por la rodilla hacia atrás, por ello siempre se mueven a brincos, además evitan arribar a orillas donde haya figuras religiosas.

El Caleuche, además, tiene el poder de hundirse como submarino y así rescatar a los náufragos.

Muchas veces se apodera de personas y, sin dañarlas, las lleva a visitar las ciudades del fondo del mar y a descubrir los grandes tesoros que hay en sus profundidades.

Quien ha experimentado estos viajes no debe revelar lo que ha visto, pues corre el riesgo de ser muerto por los tripulantes.

                           
                                

¿Cuándo aparece el Caleuche?

El avista miento del Caleuche ocurre en los años bisiestos. En esas ocasiones recorre los mares buscando hombres en las embarcaciones chilotas, los que se cree serán cautivados por la música del barco y entonces el oleaje los hará zozobrar.

Otra forma en que el Caleuche enrola es por medio de una transacción comercial: los padres entregan a sus hijos por dinero y a cambio de ser surtidos permanentemente de mercaderías.





miércoles, 29 de mayo de 2019

Mes del mar





El " Mes del Mar " se vive a lo largo y ancho del país

Nuestro mar tiene una gran importancia geopolítica y económica. Chile posee más de 5 mil kilómetros de costa, que se transforman en más de 11 mil kilómetros de borde costero, considerando las muchas islas, bahías y fiordos existentes en la zona sur y austral, lo que es un enorme potencial tanto para la pesca, la acuicultura y la actividad turística.



Gran parte de los productos que exporta nuestro país – madera, cobre, fruta, harina de pescado, conservas, productos del mar congelados y muchos más – son transportados por barcos que unen nuestros puertos con los cinco continentes.

La infraestructura portuaria se está modernizando de acurde a las necesidades de los nuevos tiempo la conectividad marítima – especialmente en el Sur Austral – ha sufrido profundos cambios y día a día crece, agregándose nuevas naves a la flota que atiende a las apartadas zonas.



Paralelamente, se están mejorando las rampas de acceso en muchos puntos de las regiones Décima y Undécima, para mejorar la operación de las barcazas, además de dotarlas de cobertizos para proteger a los pasajeros de las inclemencias del tiempo.




Fuente de alimento

Otro tema relevante es la importancia del mar como proveedor de alimento. Si bien es cierto que los desembarques pesqueros han disminuido drásticamente en la última década -más de 50% - el mar sigue siendo la principal fuente de alimento de los habitantes de nuestro país.




Además de los desembarcos de especies pelágicos y demersales – jurel, merluza, reineta, congrio,lenguado, sierra, almejas, choritos, cholgas, ostras, camarones y muchos más – la acuiculatura ha asumido un rol preponderante como productora de alimentos del mar.




Sobre todo en las regiones de Los Lagos y Aysén, donde la salmonicultura, el cultivo del turbot y la mitilicultura crecen a pasos agigantados, no sólo aumentando considerablemente las exportaciones sino que suministrando productos frescos a los consumidores de todo el país. No en vano la FAO de la Organización de las Naciones Unidas ha aseverado que el futuro alimentario del mundo dependerá de la acuicultura responsable, que en todo el orbe crece día a día.


lunes, 27 de mayo de 2019

21 de Mayo 1879





Hay pocos hechos en la Historia Universal que puedan compararse con la gesta desarrollada en la bahía de Iquique aquel 21 de mayo de 1879, no tan sólo por el ejemplo de heroísmo del Comandante Arturo Prat Chacón y la dotación de la Corbeta Esmeralda sino que también por el significado y repercusiones que ésta tuvo en el desarrollo de los acontecimientos posteriores.

Al declarar la guerra Chile a los aliados, Perú y Bolivia, 05 de abril de 1879, la Escuadra chilena inició de inmediato el bloqueo del puerto peruano de Iquique, con la intención de obligar a la escuadra enemiga a romperlo y disputar el dominio del mar.

El 16 de mayo, el Comandante en Jefe de la Escuadra, Almirante Juan Williaams Rebolledo ante la inactividad de sus naves, como consecuencia de la ausencia de la escuadra peruana, que de acuerdo a información que disponía, se mantenía en El Callao, presionado además por las críticas que le hacían por no adoptar una actitud más decidida, tomó la resolución de expedicionar sobre el principal puerto peruano: El Callao. Zarpó con todos los buques disponibles, a excepción de la corbeta "Esmeralda" y la goleta Cañonera Cobadonga, viejas naves, unidas desde tiempos de la Guerra contra España, ya que la “Esmeralda” había capturado a la “Covadonga” en el Combate Naval de Papudo, 26 de noviembre de 1865, destacando en esa memorable acción el entonces Guardiamarina Arturo Prat. A las dos naves ya mencionadas se les unía elTransbordador  La Mar.

Como Jefe de Bahía, vale decir como jefe de la agrupación, quedó el Comandante Prat.

Entretanto, en el Perú la opinión pública exigía una acción de su escuadra para vengar el agravio del bloqueo de Iquique.

             

El Presidente peruano General Mariano Ignacio Prado, luego de realizar varias reuniones para decidir las futuras acciones de sus fuerzas, tomó la decisión de zarpar con la escuadra a Arica, con el objetivo de reforzar la guarnición, llevar cañones, municiones y víveres para el ejército, lo que se verificó el 16 de mayo, el mismo día que la Escuadra chilena zarpaba desde Iquique rumbo al norte, dándose la situación que ambas escuadras se cruzaron en altamar sin que se avistaran.

Una vez en Arica, el General Prado fue informado que en Iquique se mantenían bloqueando el puerto dos naves de guerra chilenas, acompañadas por un trasporte carbonero y que un convoy que trasportaba 2.500 hombres había zarpado de Valparaíso con destino a Antofagasta. De inmediato dispuso el zarpe del blindado "Huáscar" y la fragata blindada "Independencia", al mando de los Capitanes de Navío Miguel Grau Seminario y Juan Guillermo Moore, respectivamente, para capturar o hundir a los buques chilenos en Iquique, posteriormente atacar al convoy proveniente de Valparaíso y destruir la máquina resacadora de agua de Antofagasta, para privar de este vital elemento, a las tropas chilenas acantonadas allí.

El miércoles 21 de mayo, el bloqueo se mantenía como de costumbre. Esa mañana la "Covadonga" patrullaba el exterior de la bahía. Cubrían la guardia el teniente Manuel Joaquín Orella y el Guardiamarina Miguel Sanz. Al alba, el horizonte estaba cubierto por una espesa neblina. A las seis horas y treinta minutos el vigía de la cofa gritó: "¡Humos al norte!".



De inmediato se mandó a avisar al Comandante Condell, quien dormía en su camarote, subió rápidamente a cubierta, reconoció que ambos buques eran el "Huáscar" y la "Independencia", e izó rápidamente la señal "enemigo a la vista" y lo afirmó con un cañonazo de advertencia para la "Esmeralda".

En la corbeta estaba de guardia el Teniente 1° Luis Uribe Orrego, Segundo Comandante de la nave, quien dispuso que se le avisara de inmediato al Comandante Prat, quien al subir a cubierta, ordenó levar el anclote, tocar "generala" y acercarse a la "Covadonga" para conferenciar.

                                            

Como si el destino quisiera dejar imborrablemente marcado este día para las Glorias de Chile, en Iquique se reunieron cinco buques con cuyas iniciales se formó la palabra CHILE: "Covadonga", "Huáscar", "Independencia", "Lamar" y "Esmeralda".

En el "Huáscar" al avistarse los buques chilenos, se izó una gran bandera de combate, lo que se imitó en la "Independencia". El Comandante Grau reunió su gente y pronunció la siguiente arenga: “Tripulantes del Huáscar: Ha llegado la hora de castigar al enemigo de la Patria y espero que lo sabréis hacer cosechando nuevos laureles y nuevas glorias dignas de brillar al lado de Junín, Ayacucho, Abtao y 2 de Mayo ¡Viva el Perú!"

El Comandante Prat rápidamente se vistió para el combate, ciñéndose la espada al cinto y subiendo a cubierta ordenando al contador Juan Oscar Goñi que arrojara al mar, en un saco, la correspondencia para la Escuadra, para asegurar que no cayera en manos enemigas. Ordenó izar las señales "reforzar las cargas", "venir al habla" y "seguir mis aguas".La población de Iquique, despertada por el cañonazo de aviso de la "Covadonga", presa de la mayor euforia, corría por la playa para presenciar la captura de los buques chilenos.

Mientras la "Esmeralda" viraba hacia tierra, Prat ordenó tocar "atención" y arengó a su tripulación:

"Muchachos:

La contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro, que mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber".

Luego, sacándose la gorra, la batió en el aire gritando "¡Viva Chile!", lo que la tripulación respondió con gritos similares.

La "Covadonga" llegó al habla y Prat, bocina en mano, ordenó: "¡Que almuerce la gente!, ¡Reforzar las cargas!, ¡Cada uno a cumplir con su deber!". Condell simplemente respondió: "¡All right!".

No bien hubo terminado el diálogo cuando una roja llamarada surgió de uno de los cañones del "Huáscar" y un alto penacho de agua y espuma brotó entre ambas naves: se iniciaba el combate.



Prat ordenó a Condell mantenerse en baja profundidad, y al transbordador "Lamar" que abandonara la bahía y se dirigiera al sur.

A la orden de Prat, el Corneta Gaspar Cabrales tocó "romper el fuego" y "al ataque", lo que fue celebrado con vivas a Chile.

Los buques chilenos concentraron sus fuegos sobre el "Huáscar", sin causarle daño, al rebotar los proyectiles en su coraza. La "Independencia", por su parte disparaba sin causar ningún daño. 

                                    

Los movimientos efectuados por la "Esmeralda" hicieron que se reventaran sus calderas, que se encontraban llenas de parches, por lo que el buque quedó con un andar reducido a poco más de dos nudos. Considerando lo anterior, Prat puso su buque cerca de la playa, de manera que los disparos del "Huáscar" pusieran en peligro a la población, obligándolo a disparar con cuidado y por elevación, dificultando su puntería.

Había pasado más de una hora de combate y los buques no presentaban daños considerables. La "Independencia" abandonó su lugar y se dirigió sobre la "Covadonga", la que empezó a navegar hacia el sur. En ese momento, un proyectil del “Huáscar”, la atravesó de banda a banda hiriendo fatalmente al cirujano Pedro Segundo Regalado Videla y matando instantáneamente al grumete Blas 2° Tellez y al mozo Felipe Ojeda.

Observado desde tierra el movimiento de Condell, el General Juan Buendía, autoridad militar peruana del puerto, dispuso que lanchas con tropas de fusileros hicieran fuego sobre ella, la que luego de evitar un abordaje de botes, abandonó el puerto.

En este momento el combate se divide en dos: uno entre el "Huáscar" y la "Esmeralda" y el otro entre la "Independencia" y la "Covadonga".

Cuando el "Huáscar" había estrechado su distancia a la "Esmeralda" a 600 metros, se acercó un bote al primero, en el cual iban el Capitán de Puerto, Capitán de Corbeta, Salomé Porras y el Práctico Guillermo Checley, quienes informaron a Grau que la "Esmeralda" estaba protegida por una línea de torpedos, lo que indujo al Comandante peruano a mantenerse a una distancia de 500 metros. Lo anterior se debió a que en los días previos al 21 de mayo, el Comandante Prat se concentró en el entrenamiento de las tripulaciones y con la colaboración de un ingeniero civil, que no fue llevado a la expedición al norte del grueso de la fuerza, trató de construir minas para proteger su buque. Uno de los ensayos con explosivos fue visto desde tierra y evaluado como que la corbeta se estaba protegiendo con dichas armas.
                            

Pasada cerca de una hora y media, la "Esmeralda" aún no había sido impactada por los proyectiles del "Huáscar", pues por la forma de disparar por elevación, los tiros caían en la playa. Por su parte los disparos de la "Esmeralda", a pesar de hacer impacto sobre su enemigo no le causaban daño. 

Los Guardiamarinas Arturo Wilson Navarrete, Arturo Fernández Vial y Ernesto Riquelme Venegas cumplían las órdenes de su Comandante, ya sea como ayudantes o bien reemplazando eventualmente a los cabos de cañón, donde además alentaban a la tripulación.

El Teniente Ignacio Serrano Montaner, dirigía los cañones de babor que enfrentaban al "Huáscar" y el Teniente Francisco Segundo Sánchez Alvaradejo contestaba por estribor los disparos que le hacían desde tierra. El Corneta y Tambor Gaspar Cabrales tocaba sin cesar, "al ataque".

Eran cerca de las diez de la mañana y la corbeta no cesaba en combatir. A medida que la resistencia se hacía más tenaz, la opinión de los espectadores en tierra iba cambiando; el entusiasmo y alegría del primer momento se había trocado en sorpresa, asombro y admiración.

Como consecuencia de la mala puntería de los artilleros del “Huáscar”, que no lograban acertar sobre la nave chilena, el General Buendía hizo traer a la playa cuatro cañones Krupp de campaña, que instaló en un morrito que enfrentaba a la "Esmeralda" para cañonearla desde tierra, cruzando sus fuegos con los del "Huáscar". Lo que no pudo logra la artillería de éste, lo comenzaron a hacer los cañones de tierra. Una granada mató a tres hombres e hirió a otros tres y provocó un principio de incendio, que fue rápidamente controlado.

La situación para la “Esmeralda” se tornó insostenible, por lo que el comandante Prat decidió resolvió dejar su ventajosa posición inicial, navegando lentamente hacia el norte, dado el mal estado de sus máquinas. Con esto, la “Esmeralda” quedó vulnerable a un ataque del blindado peruano mediante el espolón, una prolongación de la proa de los buques acorazados que les permitía embestir al buque adversario, provocando una gran avería bajo la línea de flotación. Era un arma letal, especialmente contra buques de casco de madera, como era la “Esmeralda”.

 Desfile en Talcahuano a las glorias navales



Grau observando el movimiento de la "Esmeralda", concluyó que la información dada por el Capitán Porras era equivocada y que la amenaza del supuesto campo minado era inexistente y que podría usar el espolón sin exponer su buque a las temidas minas. También podría ahora emplear su artillería, sin temor a que sus disparos provocaran daños en tierra. Durante este desplazamiento, la "Esmeralda" recibió el primer impacto de un proyectil de 300 libras del blindado peruano. Penetró por el costado de babor, a un metro sobre la línea de agua, destrozando un camarote y parte de la cámara de oficiales, para salir por el otro costado, provocando un incendio que fue sofocado.

La corta navegación realizada por la corbeta tratando de salir del puerto y las fuertes sacudidas causadas por el uso de su artillería, aumentaron las averías de sus calderas, disminuyendo aún más su poco andar.




 Todos los 21 de mayo Fuerzas Armada rinde homenaje a los héroes de Iquique

La prácticamente nula movilidad de la nave chilena fue notada por el Comandante Grau, por lo que decidió realizar el primer ataque al espolón sobre su costado de babor. El choque fue fuerte y el castillo del “Huáscar” quedó a la altura de la toldilla de la “Esmeralda”, que era más alta. Prat, al notar con anterioridad la intención de su enemigo, trató de esquivar la arremetida, logrando parcialmente su objetivo al recibir de refilón la embestida, sin ocasionar mayores daños en su casco. Sin embargo, al chocar ambos buques, el "Huáscar" disparó sus cañones a quemarropa, produciendo una matanza espantosa de la gente que se encontraba en la cubierta de la corbeta. No hay datos fidedignos; pero puede afirmarse que quedaron despedazados entre cuarenta y cincuenta marineros y soldados.

El espolonazo del "Huáscar", a su vez, fue recibido con una tremenda descarga de las baterías de la "Esmeralda" y fuego de fusilería desde todos los lugares del buque, lo que no causó mayor daño a la nave peruana. 
                                 

      


El Comandante Prat al ver a sus pies el castillo del “Huáscar” gritó: “¡Al abordaje muchachos!", lo que sólo fue oído en medio del estruendo, por el Sargento Juan de Dios Aldea Fonseca, que lo acompañó en su salto a la cubierta del buque enemigo. Otras versiones indican que Prat fue acompañado por un tercer tripulante que sería el Marinero Luis Ugarte. 

El Corneta Gaspar Cabrales que tocaba "al ataque", fue acribillado por la metralla enemiga.

El Comandante Grau, previendo el peligro que su buque fuera abordado por los tripulantes de la “Esmeralda”, se retiró rápidamente, no dando oportunidad para que el resto de la tripulación siguiera a su Comandante. El Sargento Aldea cayó acribillado en el castillo de la nave peruana, mientras el Comandante Prat llegó cerca de la torre blindada de mando, donde fue alcanzado por un disparo que lo hizo caer de rodillas, recibiendo posteriormente un balazo en la frente que le produjo la muerte de manera instantánea.

A bordo de la "Esmeralda", la muerte de su Comandante produjo un sentimiento de venganza y de dolor, que reforzó la convicción colectiva de no rendirse.


                                             

Luego de la muerte de Prat, tomó el mando el Segundo Comandante, Teniente 1° Luis Uribe, quien pudo presenciar desde la toldilla los terribles estragos producidos por el "Huáscar”. Retirada la nave enemiga, sobrevino una relativa calma. El Comandante Grau quiso dar tiempo para que sus adversarios se rindieran.El Corneta y Tambor Gaspar Cabrales murió casi al mismo tiempo que su Comandante. El Cabo Crispín Reyes, al ver que el Corneta Cabrales había sucumbido, tomó el instrumento y siguió tocando "al ataque", hasta que una granada le voló la cabeza. Entonces tomó la Corneta el Grumete Pantaleón Cortés, quien continuó tocando hasta que el buque se hundió. 

Uribe hizo llamar al ingeniero del buque y le ordenó que tuviera las válvulas listas para inundar la corbeta y echarla a pique, para que no cayera en manos enemigas.

Como era evidente que el “Huáscar” realizaría un segundo ataque, el oficial a cargo de una de las baterías preparó a su gente para abordar el buque enemigo, nombrando personal específicamente para pasar amarras, de manera que el atacante no pudiese alejarse rápidamente, como lo había hecho en el primer espolonazo. De esta forma sería posible abordarlo con un contingente mayor y tener éxito en el combate cuerpo a cuerpo.

                                    

Efectivamente, viendo el Comandante Grau que la tregua no daba resultado, atacó nuevamente, lanzándose a toda velocidad, ahora por el costado de estribor. Uribe trató de maniobrar igual que Prat y logró presentar su costado en forma oblicua al espolón del "Huáscar", pero esta vez el choque produjo daños mayores, como la rajadura en el casco que abrió una gran vía de agua, ingresando a raudales a la santabárbara y a las máquinas, lo que no permitió el intento de amarrar a la nave adversaria.

El Teniente Ignacio Serrano Montaner en el momento que los dos buques se encontraban juntos, saltó al abordaje seguido de doce marineros que llevando rifles y machetes cayeron sobre la cubierta del “Huáscar”, donde los recibió una lluvia de balas. Luego, un destacamento de unos cuarenta tiradores, subió a cubierta y acabaron con Serrano y su gente, algunos de los cuales, ya sin municiones o heridos, escaparon echándose al agua y subiéndose a su nave por cabos lanzados desde abordo.

La "Esmeralda" se encontraba detenida en medio de la bahía, hundiéndose lentamente. En este momento, el ingeniero y el condestable se dirigieron a toldilla e informaron a Uribe que la máquina se estaba inundando y que el agua llegaba a las hornillas o fogones, lo que obligaba a evacuar el departamento, cesando la generación de vapor para alimentar la máquina propulsora y la máquina auxiliar que impulsaba la bomba de achique e incendio. El condestable reportó la inundación de la santabárbara, lo que significaba que el buque solo podría combatir con la munición y pólvora que se encontraba en cubierta.

                                        

Después de esta segunda embestida, el “Huáscar” disparó con sus cañones de 300 libras a muy corta distancia, perforando el casco de la corbeta en un sector de la cubierta inferior a la de cañones llamado antecámara de guardiamarinas, donde funcionaba la enfermería de combate y donde se había agrupado el personal que, poco rato antes, había tenido que abandonar los departamentos más bajos del buque. Estos disparos causaron la muerte de todos los ocupantes de este departamento, excepto uno, el Ayudante del Cirujano, Germán Segura, que nadie se explica cómo sobrevivió.

Pasaron alrededor de veinte minutos cuando el "Huáscar" se lanzó por tercera vez sobre la corbeta. Esta vez el espolón se clavó en el medio del casco, por el costado de estribor, disparando nuevamente a tocapenoles, produciendo una gran mortandad entre los sobrevivientes.

La “Esmeralda” herida profundamente en sus entrañas comenzó a hundirse rápidamente de proa, mientras los sobrevivientes se preparaban para el inminente hundimiento.

                                      

A medida que la gloriosa nave se hundía, en sus cubiertas rodaban las cureñas, los rifles, los muertos y moribundos, en esos momentos el Guardiamarina Ernesto Riquelme Venegas, gritando vivas a Chile, se agarraba en un supremo esfuerzo a su pieza de artillería y disparaba el último cañonazo, cuando el agua casi llegaba a sus pies.

Eran las doce horas y diez minutos cuando calló la corneta del Grumete Pantaleón Cortés y la "Esmeralda" halló su tumba en el mar.

De acuerdo a versiones entregadas por sobrevivientes, la Esmeralda se hundió con todas sus banderas, como si quisiera despedirse de la superficie con toda dignidad.

Al respecto, el Teniente Francisco Sánchez se refería al tema de la siguiente manera: “Al sumergirse la Esmeralda, flameaban las banderas del palo trinquete, la de servicio, como buque de guardia; en el mayor, el gallardete, insignia de oficial de guerra; en el mesana, la de jefe de división. La bandera nacional izada en el pico de este palo desapareció la última de la superficie por haberse hundido el buque de proa”.

Por su parte, el Guardiamarina Vicente Zegers expresaba “….el buque se hundió con todas sus banderas: la de Jefe al tope del mesana, la de guardia en el trinquete, el gallardete al mayor y dos nacionales al pico del mesana, pues se había tomado la precaución de izar otra por si acaso faltaba la primera” . Al respecto, el propio Zegers, años después explicaba lo del segundo pabellón nacional que lo izó “en compañía de Fernández Vial y de Hurtado en la driza del pico del mesana”, en momentos que el “Huáscar” se preparaba para acertar sobre la “Esmeralda” el tercer y último espolonazo, de manera de dar a conocer a los peruanos que la corbeta no se rendiría. Lo anterior echa por tierra algunas versiones que decían que un hombre de la dotación trepó al palo mesana y clavó un segundo pabellón nacional.

De una dotación total de 201 hombres, compuesta por 16 oficiales y 185 gente de mar, murieron 141, de ellos 7 oficiales y 134 tripulantes, sobrevivieron 60. En este recuento no se consideró al Ingeniero Civil Juan Agustín Cabrera Gacitúa, quien había sido comisionado por el gobierno para unir el cable telegráfico en Iquique, lo que permitiría la comunicación con Valparaíso. Al no alcanzar a embarcarse de regreso al sur, el Comandante Prat lo invitó a bordo. Al no poder desembarcarse, participó activamente en el combate, sobreviviendo a él.

Por tratarse de una fuente histórica de primer orden, a continuación se citará el Parte Oficial del Combate Naval de Iquique, presentado por el Segundo Comandante de la “Esmeralda”, Teniente 1° Luis Uribe Orrego, al Comandante General de Marina.

“Iquique, Mayo 29 de 1879

Tengo el honor de poner en conocimiento de US. que el 21 del presente, después de un sangriento combate de cuatro horas con el monitor peruano Huáscar, la Esmeralda fue echada a pique al tercer ataque de espolón del enemigo. El honor de la bandera ha quedado a salvo, pero desgraciadamente tenemos que lamentar la pérdida de tres de sus más valientes defensores: el Capitán Prat, el Teniente Serrano y el guardiamarina Riquelme.

Como a las 7 A.M. del día indicado divisamos dos humos al Norte. Inmediatamente se puso el buque en son de combate. A las ocho se reconoció al Huáscar y poco después a la fragata Independencia. Se hicieron señales a la Covadonga de venir al habla, y el capitán Prat le ordenó tomar poco fondo e interponerse entre la población y los fuegos del enemigo. Al movernos para tomar la misma situación se nos rompieron dos calderos y el buque quedó con un andar de dos o tres millas. A las ocho treinta, la acción se hizo general. El Covadonga se batía con la fragata Independencia, haciendo al mismo tiempo rumbo al Sur y la Esmeralda contestaba los fuegos del Huáscar y se colocaba frente a la población a distancia de 200 metros de la playa.

Desde esta posición batíamos al enemigo; nuestros tiros, que al principio eran inciertos, fueron mejorando, y varias granadas reventaron en la torre y casco del Huáscar sin causarle el más leve daño.

Los tiros de este último, pasaban en su mayor parte por alto y varios fueron a herir a la población.

Nuestra posición era, pues, ventajosa; pero como se nos hiciera fuego desde tierra con cañones de campaña, matándose tres individuos e hiriéndonos otros tantos, el capitán Prat se vio obligado a ponerse fuera de alcance.

En este momento, 10 A.M. una granada del Huáscar penetró por el costado de babor y fue a romper a estribor, cerca de la línea de agua, produciendo un pequeño incendio que fue sofocado a tiempo.




Mientras tanto el Huáscar se había acercado como 600 metros y a esta distancia continuó la acción cerca de una hora sin recibir otra avería que la que dejo indicada. Viendo el Huáscar el poco efecto de sus tiros, puso proa a la Esmeralda y los cañones de su torre, disparados a toca penoles antes y después del choque, hicieron terribles estragos en la marinería.

El capitán Prat, que se encontraba en la toldilla desde el principio del combate, saltó a la proa del Huáscar, dando al mismo tiempo la voz de "al abordaje". Desgraciadamente el estruendo producido por la batería al hacer fuego sobre el Huáscar, impidió a muchos oír la voz de nuestro valiente comandante; y de los que se encontraban en la toldilla con él, solo el sargento pudo seguirlo, tal fue la ligereza con que se retiró la proa del Huáscar de nuestro costado.

El que suscribe se encontraba en el castillo de proa, y desde ahí tuve el sentimiento de ver al bravo capitán Prat, caer herido de muerte combatiendo al pie mismo de la torre del Huáscar.

Inmediatamente me fui a toldilla y tomé el mando del buque. Mientras tanto nos batíamos casi a boca de jarro, sin que nuestros tiros hicieran el menor efecto. En cambio, las granadas del enemigo hacían terribles estragos; la cubierta y entrepuentes se hallaban sembrados de cadáveres.

Volvió el Huáscar a embestir con su espolón directamente al centro de este buque. Goberné para evitar el choque; pero la Esmeralda andaba tan poco que no fue posible evitarlo, y recibió el segundo espolonazo por el lado de estribor. Esta vez el teniente Serrano, que se encontraba en el castillo, saltó a la proa del Huáscar seguido como de 12 individuos. En la cubierta de este último no se veía ningún enemigo con quien combatir; pero de sus torres y parapetos de popa salía mortífero fuego de fusilería y ametralladoras.

El valeroso teniente Serrano y casi todos los que lo siguieron sucumbieron a los pocos pasos.

La ligereza con que se retiraba de nuestro costado la proa del Huáscar y el poco andar de la Esmeralda para colocarse a su costado, único modo como habría podido pasar todo el mundo a la cubierta del enemigo, hacía imposible todo abordaje. Por este tiempo nuestra tripulación había disminuido enormemente. Teníamos más de cien hombres fuera de combate, la Santa-Bárbara inundada y la máquina había dejado de funcionar. Los pocos cartuchos que quedaban sobre cubierta sirvieron para hacer la última descarga al recibir el tercer ataque de espolón del enemigo.

El guardiamarina don Ernesto Riquelme, que durante toda la acción se portó como un valiente, disparó el último tiro: no se le vio más; se supone fue muerto por una de las últimas granadas del Huáscar.



Pocos momentos después de recibir el tercer espolonazo, se hundió la Esmeralda con todos sus tripulantes y con su pabellón izado al palo de mesana, cumpliendo así los deseos de nuestro malogrado comandante, quien, al principiar la acción dijo:

Muchachos, la contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera al enemigo; espero, pues, no sea esta la ocasión de hacerlo. Mientras yo esté vivo, esa bandera flameará en su lugar, y aseguro que si muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber.

Los botes del Huáscar recogieron del agua a los sobrevivientes, y en la tarde del mismo día fuimos desembarcados en Iquique en calidad de prisioneros.

Acompaño a US. una relación de la oficialidad y tripulación que ha salvado y que se hallan presos en este puerto.

Dios Guarde a US. 

LUIS URIBE

Al señor Comandante General de Marina

Para poner fin a la narración del Combate Naval de Iquique, con la intención que los lectores comprendan en su real magnitud lo ocurrido ese magno día, es que se realizará un extracto de un artículo publicado en el diario peruano “El Comercio de Iquique”, el día 22 de mayo de 1879, con la visión de un reportero que fue testigo presencial del combate. Los párrafos más destacados son los siguientes:

"Al habla ambos buques, el comandante Grau intimó rendición a la Esmeralda, pero el jefe de la corbeta chilena se negó a arriar su bandera".

"Era preciso que se diese fin a un drama tan sangriento y que no reconoce ejemplo en la historia del mundo”.

“En efecto, la Esmeralda se inclinó hacia estribor que fue por donde el ariete la cortó y segundos después se hundió siempre de proa”. 

“El pabellón chileno fue el último que halló tumba en el mar".

"Al hundirse la Esmeralda, un cañón de popa por el lado del estribor hizo el último disparo, dando la tripulación vivas a Chile".

"Después de la catástrofe, que apagó los gritos de entusiasmo con que desde el principio eran saludados los tiros del Huáscar por el pueblo y el ejército, siguió el estupor y silencio de todos”.

“La impresión que en los habitantes produjo el hundimiento del buque enemigo, pudo más que la alegría y la apagó. ¡Tremendos misterios del corazón humano!”




"Lo último que desaparece en las aguas es el pabellón chileno; no se oye el más leve grito, ni clamor alguno de socorro; ni siquiera resuenan vítores... a todos nos tiene anonadados el horror de aquella tremenda escena".

A diferencia de lo que piensa y cree la mayoría de los chilenos, el Combate Naval de Iquique, que no se puede separar del Combate Naval de Punta Gruesa, disputado al sur de la bahía de aquel puerto, entre la goleta cañonera “Covadonga” y la fragata blindada “Independencia”, no fue un “Triunfo Moral”, por el contrario, los combates disputados ese memorable 21 de mayo de 1879, marcaron el desarrollo posterior de la Guerra del Pacífico.

En lo inmediato, la tenaz y heroica defensa de la corbeta “Esmeralda” frente a su poderoso adversario, permitió que el convoy que transportaba 2.500 hombres del Ejército con destino al puerto de Antofagasta, pudiera llegar a salvo y además evitó que la máquina resacadora de agua no fuera destruida por las unidades peruanas y pudiera seguir abasteciendo al ejército acantonado en Antofagasta, donde se preparaba para las próximas operaciones.

En el transcurso de los días, cuando se conocieron con más detalles los hechos ocurridos en Iquique y Punta Gruesa, Chile entero se alzó orgulloso y satisfecho.

El chileno común y corriente, hasta entonces molesto y a la vez desencantado por la pasividad de las autoridades políticas y militares en el desarrollo del conflicto, de súbito fue alentado por este ejemplo de heroísmo de los marinos de la “Esmeralda” y de la “Covadonga”. Entorno de éstos se produjo la unidad nacional. Todas las voluntades se sumaron en el esfuerzo común de vencer.

Los héroes de Iquique dejaron señalado el camino de la victoria: cada chileno se sintió comprometido con el ejemplo éstos y comprendió que había que seguir la ruta de la entrega total al servicio de la Nación en guerra, dejando de lado cualquier tipo de diferencias que podían existir.

Se produjo la movilización de cientos de jóvenes hacia los cuarteles para integrar los cuadros movilizados; las mujeres intensificaron sus quehaceres para apertrechar al Ejército y algunas se alistaron como cantineras.

                                   



Pero lo más importante de estos combates es que inflamó el espíritu patriota de los chilenos y reforzó la tradición impuesta por el almirante Cochrane, que se cumple hasta el día de hoy "Vencer o Morir", que por lo demás se encuentra escrita en bronce en las unidades de la Escuadra Nacional, herederas de aquellas que lucharon en la Guerra del Pacífico.

Los combates navales de Iquique y Punta Gruesa crearon una mística que acompañó a las fuerzas chilenas durante toda la guerra, que permitió lograr la victoria final a pesar de los inmensos sacrificios y penurias soportadas por las tripulaciones de la Escuadra y tropas del Ejército.

Se puede decir, con propiedad, que el 21 de mayo de 1879 la Armada de Chile dio el primer paso para lograr el triunfo definitivo en la Guerra del Pacífico.

Principales características de los buques participantes en el Combate Naval de Iquique

                                                                                        Revista Armada de Chile

viernes, 24 de mayo de 2019

Día del Carabinero






El pasado 27 de Abril se conmemoro el día del Carabinero los alumnos del Kinder quisieron rendirle homenaje  a los Carabinero que Hoy se conmemoran los 92 años de la creación la institución.



El día 27 de Abril de 1927, siendo vicepresidente de la República Carlos Ibáñez del Campo, se unificó la Dirección General de Policías con el Cuerpo de Carabineros, dando nacimiento al actual Cuerpo de Carabineros de Chile.
En 1810, luego de la Primera Junta de Gobierno, los Dragones de la Reina pasaron a llamarse Dragones de Chile. En 1830, el Ministro Portales creó el Cuerpo de Vigilancia, con uniforme propio y reglamentación policial. En el año 1852 se fundió en un solo cuerpo a los vigilantes y a los serenos, creándose la Brigada de Policía. En 1891 la ley de la Comuna Autónoma entregó a los municipios la organización y el mantenimiento policial y se crearon las Policías municipales. En 1896 se formó el Cuerpo de Gendarmes de las Colonias, para actuar en la Frontera. En 1903 se crearon los Gendarmes del Ejército, con tropas escogidas de caballería, para mantener el orden en las provincias centrales y del norte. 





En 1906 se fusionaron los Gendarmes de las Colonias con los Gendarmes del Ejército para formar el Regimiento de Carabineros. En 1924 se fusionaron todas las policías fiscales en un solo Cuerpo de Policía y además se inauguró la Escuela Policial. El día 27 de Abril de 1927, siendo vicepresidente de la República Carlos Ibáñez del Campo, se unificó la Dirección General de Policías con el Cuerpo de Carabineros, dando nacimiento al actual Cuerpo de Carabineros de Chile. 






Hasta el año 1973, Carabineros dependió del Ministerio del Interior, pero ese año, por resolución de la Junta de Gobierno, pasó a depender del Ministerio de Defensa Nacional y a formar parte de las Fuerzas Armadas de Chile. 





Música: Arturo Arancibia Uribe.
Letra: Arturo Arancibia Uribe y Francisco Flores Ruiz.

       I
Orden y Patria es nuestro lema,
la ley espejo de nuestro honor,
del sacrificio somos emblema
Carabineros de la Nación.
             II
Si el mal acecha la paz del nido
la inocencia se cobijó,
vamos sin miedo tras el bandido,
somos del débil el protector.
           III
Nuestra bandera flamea al viento
como un heraldo de bienestar,
nuestros clarines son el acento
con que sus dianas cantan la paz.
          IV
Otros la vida gocen en calma,
disfruten ellos dicha y solaz,
nosotros vamos tras de la palma
que el sacrificio nos brindará.
           V
Duerme tranquila niña inocente,
sin preocuparte del bandolero,
que por tu sueño dulce y sonriente
vela tu amante Carabinero.
          VI
Duerme y no temas la sombra oscura
que allá en el valle su tul tendió
nosotros somos sol que fulgura,
Carabineros de la Nación.

Revista de Carabinero de Chile

martes, 23 de abril de 2019

Día del libro y la leyenda de San Jorge




                                 


La Conferencia General de la UNESCO aprobó en noviembre de 1995 la celebración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor cada 23 de abril. Se trata de una conmemoración orientada a fomentar la lectura y a impulsar la industria editorial, así como a defender la propiedad intelectual. La fecha fue propuesta por la Unión Internacional de Editores debido a que tal día del año 1616 fallecieron Garcilaso de la Vega, Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Sin embargo, Cervantes murió realmente el día 23 y Shakespeare el 23 de abril pero del calendario juliano lo cual concuerda con el 3 de mayo del calendario gregoriano.



 El 23 de abril también se conmemora la muerte de San Jorge en el año 303. El día de San Jorge es una festividad importante en muchos lugares del mundo por ser el santo patrón de diversos países como Inglaterra o Portugal (entre otros), al igual que de distintas ciudades y regiones. Por esta coincidencia, en muchas zonas se unen ambas tradiciones.




La historia de San Jorge ha sido especialmente influyente en la cultura europea y es una adaptación cristiana de temáticas procedentes de la Antigüedad (Carvajal González 2012). La leyenda simboliza, entre otras significaciones, la lucha entre el bien y el mal y gozó de una difusión inconmensurable durante la Edad Media Este santo legendario recibió el distinguido apelativo de Megalomartir, es decir, de gran mártir o mártir egregio. El culto a San Jorge hizo que éste llegara incluso a pertenecer al grupo de los Catorce intercesores o los Santos auxiliadores.

San Jorge es un personaje de Capadocia que se cree que vivió entre los años 275 y 303. Fue un soldado de la Legión Romana procedente de una familia acomodada y puede ser que se identifique con el tribuno del que habla Eusebio obispo de Cesarea que se opuso a los edictos de Diocleciano y Galerio relacionados a las persecuciones a los cristianos.





En cuanto al aspecto iconográfico, la forma principal de representación de San Jorge es la de una persona joven, imberbe y engalanado con prendas militares como casco y coraza. Su figura es parecida a la de diversos santos militares. Sus atributos más destacados son una espada, un escudo, una lanza partida y con frecuencia aparece una cruz roja sobre fondo blanco (la cruz de San Jorge). Suele estar presentado tanto a caballo como a pie. En el primer caso, la bestia que monta es de color blanco, pues tal era la tonalidad de los caballos sagrados en el zoroastrismo (los que siguen las enseñanzas del profeta Zoroastro o Zaratustra), culto de origen iraní que tuvo influencia en Capadocia. Ahora bien, el atributo más notable es el dragón, normalmente situado a sus pies. La escena narrativa que se representa es el enfrentamiento contra el dragón y su vencimiento, en compañía de la princesa que suele exhibirse orando. Menos frecuentes, pero también existentes, son representaciones de su episodio martirial.





Se entiende que el martirio de San Jorge aconteció en el contexto de Gran Persecución o persecución de Diocleciano, la cual es considerada como la última y más grave persecución a los cristianos en el Imperio Romano Se cuenta que Jorge, ante la matanza, renunció a su condición militar y a sus posesiones para entregarse a la predicación del cristianismo. También se relata que Jorge se negó a acatar las órdenes que le obligaban a ser parte de la persecución y declaró ser cristiano. Por este motivo fue interrogado y torturado para conseguir su apostasía. Se dice que fue atado a un potro, le desgarraron la carne con garfios, fue quemado y le echaron sal a las heridas. Sin embargo, San Jorge no renunció a su fe ante los tormentos. También se cuenta que fue arrastrado por las calles tirado por un caballo, se lo ató a una rueda dentada y se lo sumergió en plomo fundido. Finalmente, fue decapitado delante de las murallas de Nicomedia el 23 de abril de 303.





A finales del siglo V el propio papa Gelasio I, quien lo canonizó, expresó que es de “(…) aquellos cuyos nombres son justamente reverenciados, pero cuyos actos sólo son conocidos por Dios”. La fuente escrita de mayor antigüedad que se conserva es la denominada Passio Georgii. La Leyenda dorada de Santiago de Vorágine es la fuente que provocó la consolidación y la divulgación de la leyenda en Europa. Asimismo, hay que remarcar que a lo largo del tiempo y de la geografía se han ido creando diferentes historias apócrifas de la vida del personaje. La máxima difusión del culto a San Jorge se desarrolló en las cruzadas por ser considerado el patrón de los caballeros y militares. Esto conllevó su propagación icono gráfica.


Casa Batlló

Fachada de la barcelonesa Casa Batlló,obra de Antoni Gaudi con elementos estructurales y decorativos que evocan la leyenda de Sant Jordi y el dragón. Su arquitecto, Gaudí, dejó la impronta de ese animal fabuloso y de su leyenda: las escamas del dragón recubren la azotea; mientras que la espada de san Jorge sobresale del tejado y los balcones parecen calaveras.



National Geographic.