miércoles, 9 de septiembre de 2009

Septiembre El Volantin



Septiembre. Es el noveno mes del año en el calendario gregoriano y tiene 30 días. Su nombre, que viene de la misma raíz latina de "séptimo", se debe a que era el séptimo mes en el calendario romano. Según la Real Academia, "septiembre" es la forma preferida en el uso culto, aunque "setiembre" no se considera incorrecto.
La piedra de septiembre es el zafiro, y su flor, la maravilla.

El VOLANTIN


Este es uno de los juegos más atractivo para los niños y adultos, la mayoría de nosotros en alguna oportunidad lo hemos tenido en nuestras manos.
El barrilete, lo inventó el general chino llamado Han-Sin unos doscientos años antes de Cristo. El juego de la cometa se conoció en Europa en el siglo XVII.
En cuanto al juego del volantín entre nosotros, dice, don Benjamín Vicuña Mackenna "que más que entretenimiento, era una pasión popular, una especie de palenque público, que tenía por teatro el cielo y los tejados, por combatientes a todos los caballeros, niños y rotos, la sociedad entera de Santiago, pues ni los clérigos por poltrones, ni las señoritas por tímidas, desdeñaban correr a la rondana en los momentos solemnes de la comisión, ni tomar parte en la febril chañadura.
El volantín tenía también artífices especiales, y en los últimos años el que mejor los trabajaba diz que era el chimbero Lillo y el conocido sangrador Barrera. La gran dificultad de este arte aéreo era pegar el arco y después la proporción de los tirantes y la cola. Por esto, cuando un volantín agarraba a una bola de cola y tirantes. La bola era perdida".
En otros tiempos se habló de "grandes comisiones" y los fulanos apostaban gruesas cantidades. En las competencias se usaba el hilo curado y las estrellas, las cometas tenían garfios, con vidrio molido, o algún otro ingrediente para cortar el hilo.
Famosos eran los "chupetes", volantines sin cola. En escala menor estaban la "ñecla", "la cucurucha", el "chonchón" y la "cambucha" que eran o siguen siendo los hijos pobres del volantín.
A través del tiempo el interés por los volantines ha disminuido, en relación con los cientos de cultores que tenia en el pasado. Pero aun así logra mantener su especial y tradicional encanto.

El volantín es la versión chilena del cometa y tiene una larga historia. Según Oreste Plath "en la historia de la civilización occidental se da el nombre de Archytas de Tavento como inventor del juego del cometa". Este filósofo y matemático vivió entre los años 460 al 365 antes de Cristo.
Sus primeras apariciones en Chile fueron a fines del siglo XVII durante la colonia, cuando jóvenes sacerdotes misioneros, principalmente monjes benedictinos, competían entre ellos como con otras congregaciones. Era esa la época en que reinaban los famosos "pavos", llamados también "jotes", que alcanzaban dimensiones de cuatro a cinco metros por lado y que necesariamente debían ser sujetados por varios hombres. Se afirma que don Ambrosio O'Higgins fue un cultor destacado de este juego, lo que indiscutiblemente ayudó a ampliar su difusión.
Posteriormente dadas las reyertas que producían en su ejecución, fueron dictados mandos que normaron el juego. Tal es el caso del bando dictado por el gobernador don Luis Muñoz de Guzmán, en 1796, que ordenaba que no se podían encumbrar volantines "dentro de la traza general de la ciudad", pudiendo hacer, sin embargo, en cañadas y orillas del río donde la espaciosidad permite el libre uso, sin el menor riesgo de esta diversión. Se dice que en los predios de la cañada alta, lo que hoy es provincia, se le veía a menudo encumbrando volantines y los presidentes, desde Manuel Bulnes a José Manuel Balmaceda participaron inaugurando los concursos de los volantines.


Existe una gran variedad de volantines, de todas formas y colores. Los hay en forma de circulo, como figura humana, estrellas, peras, figuras de aves o de animales, etc. Todos ellos corresponden a los llamados volantines algunos de los cuales son pequeñas obras de arte, llegando incluso sus autores a montar exposiciones en donde lucen sus creaciones más elaboradas.
Además de estas formas existen otras más populares, como la ñecla cuyas dimensiones son muy menores a las del volantín común. También está la cambucha, que es confeccionada con cualquier papel, incluso de diario, dándole forma de cucurucho.
Esta no lleva armazón de madera, pero si los tirantes y una cola.
El volantín se hace con papel de seda muy delgado, de colores variados y hermosos. Los volantineros más entendidos señalan que el papel nacional es un poco más grueso y, por lo tanto, más resistente, aunque el importado, por ser más delgado, remonta mejor con el viento, por poco que éste sea.

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